jueves, 2 de octubre de 2008

El Fuerte San José de Yaracuy

En la columna anterior habíamos comentado sobre el contrabando o comercio ilícito realizado en las ensenadas del golfo triste así como una ligera referencia a las andanzas del zambo Andresote por esos lares, hoy queremos complementar aquellas apreciaciones. La historia de Andresote es larga y aquí solo vamos a tocar someramente algunos aspectos de su vida relacionado con el titulo de este trabajo.

Andresote había alzado en armas a un considerable número de partidarios de sus ejecutorias, entre ellos a negros, indios, mestizos y blancos; lo apoyaban unos directamente y otros lo hacían solapadamente a través de informaciones, o brindándole protección, logística y lugares donde esconderse. Andresote no era que tenía una ideología independentista ni de lucha de clase sólo cumplía su tarea de resguardar y favorecer el contrabando con los holandeses.

Pero en su trajinar tuvo que enfrentarse bélicamente a las tropas españolas a las cuales derrotó en varias oportunidades como es el caso del ejército de Luis Arias Altamirano que cayó derrotado el 30 de junio de 1731 en la desembocadura del río Yaracuy. Igual suerte sufrieron casi en el mismo sitio el teniente Luis Lovera y el Alférez real de Nirgua, Juan Romualdo de Guevara.

Otro español derrotado fue Juan de Manzaneda en el cerro de las Guabinas, este oficial venia bien apertrechado y tenía orden directa del Gobernador y Capitán General de la Provincia Sebastián García de la Torre, de acabar con Andresote y con todo aquel que le apoyase.

Al enterarse de la derrota de su enviado, el mismo gobernador tuvo que salir en campaña contra Andresote desplegando un aparataje militar nunca visto que al saber Andresote de este movimiento del gobernador y vista su inferioridad militar optó por retirarse a Chichiriviche con sus mas cercanos oficiales y de allí se traslado a Curazao.

Este Gobernador Sebastián García de la Torre tomo varias medidas, entre ellas ordenó la construcción de un fuerte o fortaleza para resguardar la desembocadura del río Yaracuy porque era la zona, junto con Chichiriviche, donde se practicaba con mayor fuerza el contrabando y las actuaciones de Andresote y sus aliados para sacar los frutos agrícolas de las serranías y valles interioranos de Yaracuy y del hoy Estado Lara.

Este fuerte seria llamado “San José del Yaracuy” para ser construido de “Faxina y Palos y tendría diez cañones y treinta hombres de guarnición, para atajar el trato ilícito de los naturales con los holandeses”. El ingeniero encargado de la obra fue francisco Andrés Meneses y al teniente Marín Ascanio se le encomendó proporcionar la mano de obra, materiales y todo lo necesario para la conclusión de este Fortín, que por lo demás se hizo en tiempo record.

Además, el Gobernador García de la Torre mandó a construir otro Fortín en “Tucacas” (puede ser en Boca de Aroa) porque el río Yaracuy tenia un caño o se unía mediante un ramal al río Aroa en su llanura deltaica; a la vez porque habían muchas veredas y caminos por donde podían los contrabandistas “bajar los frutos y llevar las ropas cuya facilidad de comercio hace que los holandeses frecuenten tanto con sus balandras dicha Tucacas, teniendo larga estación en ella por la comodidad que le ofrecen sus caños”.

De tal manera que el río Yaracuy tanto en su desembocadura como aguas arriba donde hoy se encuentra el poblado del mismo nombre tiene mucha historia que contarnos; es un paisaje que vivió un proceso histórico, una época de leyendas e imágenes fantasmales que se pierden en la amnesia de los tiempos.

El río Yaracuy sigue siendo la arteria vital del pueblo de Boca de Yaracuy, no sólo porque le suministra el vital liquido sino porque él encierra los recuerdos de generaciones y ancestros que descansan en las profundidades de la tierra ribereña o en alguna fosa o recoveco del río; como el fuerte que esta sepultado en algún lugar de la comarca como condición inexorable de la historia, el río Yaracuy es victima del olvido de las autoridades que soslayan la mirada para no percatarse de cómo la bora lo consume y le arrebata su diversidad biológica y con ello su caudal y los portentos de su historia.

(*) Cronista Municipal J. J. Mora

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