El pasado domingo, 12 de octubre, se conmemoraron 510 años del encuentro de dos realidades o de dos mundos que existiendo paralelamente desde hace siglos no se conocían ni se imaginaba uno la existencia del otro. El hecho es que la expedición colombina que en nombre de la corona española ancló frente a las costas americanas transformó al viejo mundo inyectándole savia nueva al naciente capitalismo europeo que estaba en su etapa de la acumulación originaria del capital.
El oro y la plata del continente suramericano sirvió de acicate para el impulso definitivo de este sistema socioeconómico y por otro lado la papa y el tomate americano donde este último que unido a la pasta traída de la china por Marco Polo calmaron la hambruna europea.
En nuestro continente se produjo una transformación profunda a la vez, las comunidades indígenas autóctonas fueron sometidas y disueltas, su cultura destruida y un tanto incorporada marginalmente al hibrido tronco de nuestro mestizaje donde van a prevalecer mayormente los valores hispanos y africanos. No obstante, estos elementos étnico-culturales van a ser definitorios para la conformación, en principio, de nuestra identidad nacional; renegar de algunos de ellos ahora no nos hace ni mejores ni peores ni nos sirve para una causa humanitaria o filantrópica sino más bien que nos lleva a la discriminación o exclusión de uno o varios de esos factores que forman parte del genotipo nacional.
La efemérides del 12 de octubre, es de por sí controversial tal como lo dije en mi discurso de orden en
Los extremos no parecen ser la solución al problema para su comprensión; frente al eurocentrismo (o hispanocentrismo) ahora surgen visiones afrocentristas y aborigencentistas que van asumir el conocimiento histórico desde la óptica de los relegados de la historia, de los vencidos y no de los vencedores que siempre han escrito la historia. Este cronista se inclina por una visión holística e integral del problema, la transdisciplinaridad que permite enfocar el proceso histórico con un pensamiento global y complejo. Que evite el dualismo y el reduccionísmo y que adquiera la dimensión de un pensamiento de la complejidad.
Este hecho va a interrumpir el proceso de democratización postgomecista que aunque se habían iniciado lentamente con el Presidente Eleazar López Contreras era inevitable e inexorable su desarrollo y que había tomado un gran impulso con Medina Angarita permitiendo la legislación de los partidos políticos de oposición y dando una apertura democrática prometedora que hace que algunos autores consideren a Medina Angarita como el Presidente más democrático que ha tenido Venezuela.
Lo cierto es que el golpe del 18 de octubre de 1945 abrió el camino a los militares para que dieran el golpe al Presidente electo constitucionalmente Rómulo Gallegos en el año de 1948 y dio la oportunidad a la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez que se encumbró por diez años en el poder, es decir, que gobernó directa o indirectamente desde 1948 hasta 1958, casi una década ya que fue depuesto a principios de año, el 23 de enero.
(*) Cronista Municipal J. J. Mora
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