jueves, 20 de agosto de 2009

Sobre las Formas de Nombrar y otras Menudencias

Resultaría interesante que dediquemos unos pocos minutos a reflexionar sobre algo que muy escasas veces le prestamos atención algo que llevamos toda la vida como un estigma y que al sólo escuchar su pronunciación nos sentimos automáticamente aludidos y rápidamente viramos nuestra vista y nuestro cuerpo hacia la persona que voceo: se trata del nombre de pila o nombre propio. El nombre propio es algo que nos identifica y distingue de los demás, que nos acompaña durante toda la vida como parte de nuestra identidad. Aparece en las actas de nacimiento y en las de defunción. A la pregunta de ¿Quién es ud?, se contesta con el nombre; toda la vida recurrimos a el. Sin embargo, no somos nosotros quienes lo determinamos, sino nuestros padres (Lesur, 2007:5)

 

Si bien los portadores de los nombres propios no tenemos ninguna ingerencia en la selección del vocablo que nos va a identificar en lo sucesivo de nuestros días, cabria preguntarse ¿Qué influye en la decisión de los padres para adjudicarle a sus hijos tal o cual nombre? El nombre que llevamos combinado con el apellido nos significa que somos específicos, que somos uno, que somos una individualidad; que como el número de cédula de identidad que se nos otorga en un orden correlativo, los nombres propios nos crean una identidad única previamente comprendida en un catalogo nominativo.

 

Los nombres propios son producto de una cultura, son una metáfora en un determinado momento de la historia, en su mayoría tienen una tradición antiquísima y un significado alegórico a un aspecto de la realidad – y como dijo el poeta – "La realidad es un clisé del que nos escaparemos a través de una metáfora" (citado por Morin, 1999:91).

 

Las religiones son una fuente primaria para la profusión de nombres es quizás las mas apetecidas o requeridas por los consumidores o por los encargados de colocarlos. Del cristianismo, del judaísmo y en menor medida del islamismo provienen aproximadamente el setenta por ciento de los nombres propios más comunes o más usados en nuestro país, aunque actualmente la tendencia que persiste es hacia una disminución pronunciada de esa costumbre para acudir a otro nomenclador mas acorde con la moda y a las nuevas corrientes globalizantes que se vive en nuestros tiempos.

 

Los nombres que se originan en esas tradiciones religiosas invocan casi siempre a una metáfora de alabanza a dios o de cercanía y respeto al creador como por ejemplo Ali (alto, sublime, alusión a Dios), Anselmo (protegido por Dios), Ángel (mensajero de Dios), Domingo (del señor, consagrado a Dios), Ismael (Dios escucha) etc. sin embargo hay diversa significación de los nombres que tienen que ver con personajes de la antigüedad, con mitos y leyendas, con la adoración o vinculación a la naturaleza, con el amor y la belleza. Me gustaría indicarle un ejemplo de cada uno de estos elementos con su correspondiente nombre propio, pero me es imposible en aras de la brevedad de estas palabras.

 

(*) Cronista Municipal J. J. Mora


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