Sobre las Formas de Nombrar y otras Menudencias
Resultaría interesante que dediquemos unos pocos minutos a reflexionar sobre algo que muy escasas veces le prestamos atención, algo que llevamos toda la vida como un estigma y que al sólo escuchar su pronunciación nos sentimos automáticamente aludidos y rápidamente viramos nuestra vista y nuestro cuerpo hacia la persona que voceó: se trata del nombre de pila o nombre propio.
El nombre propio es algo que nos identifica y distingue de los demás, que nos acompaña durante toda la vida como parte de nuestra identidad. Aparece en las actas de nacimiento y en las de defunción. A la pregunta de ¿Quién es ud?, se contesta con el nombre; toda la vida recurrimos a él. Sin embargo, no somos nosotros quienes lo determinamos, sino nuestros padres (Lesur, 2007:5)
Si bien los portadores de los nombres propios no tenemos ninguna ingerencia en la selección del vocablo que nos va a identificar en lo sucesivo de nuestros días, cabría preguntarse ¿Qué influye en la decisión de los padres para adjudicarle a sus hijos tal o cual nombre? El nombre que llevamos combinado con el apellido nos significa que somos específicos, que somos uno, que somos una individualidad; que como el número de cédula de identidad que se nos otorga en un orden correlativo, los nombres propios nos crean una identidad única previamente comprendidos en un catálogo nominativo.
Los nombres propios son producto de una cultura, son una metáfora en un determinado momento de la historia, en su mayoría tienen una tradición antiquísima y un significado alegórico a un aspecto de la realidad – y como dijo el poeta – "La realidad es un clisé del que nos escaparemos a través de una metáfora" (citado por Morín, 1999:91).
Las religiones son una fuente primaria para la profusión de nombres es quizás las mas apetecidas o requeridas por los consumidores o por los encargados de colocarlos. Del cristianismo, del judaísmo y en menor medida del islamismo provienen aproximadamente el setenta por ciento de los nombres propios más comunes o más usados en nuestro país aunque actualmente la tendencia que persiste es hacia una disminución pronunciada de esa costumbre para acudir a otro nomenclador más acorde con la moda y con las nuevas corrientes globalizantes que se vive en nuestros tiempos.
Los nombres que se originan en esas tradiciones religiosas invocan casi siempre a una metáfora de alabanza a dios o de cercanía y respeto al creador como por ejemplo Ali (alto, sublime, alusión a Dios), Anselmo (protegido por Dios), Ángel (mensajero de Dios), Domingo (del señor, consagrado a Dios), Ismael (Dios escucha) etc. sin embargo hay diversa significación de los nombres que tienen que ver con personajes de la antigüedad, con mitos y leyendas, con la adoración o vinculación a la naturaleza, con el amor y la belleza. Me gustaría indicarle un ejemplo de cada uno de estos elementos con su correspondiente nombre propio, pero me es imposible en aras de la brevedad de estas palabras.
En Venezuela la costumbre de colocar los nombres a los hijos por parte de los padres según el santoral católico o con el "Almanaque" como se le conoce popularmente ya esta en desuso; ahora se toman otros criterios salidos de los propios padres o del entorno familiar o social. Aun se sigue la tradición de adjudicar el mismo nombre a los hijos que posee el padre o un abuelo o familiar, esto como un homenaje al epónimo o para conservar una arraigada tradición familiar.
Sin embargo, cada vez es más frecuente observar nombres nuevos que ingresan a la nomenclatura criolla o mejor dicho a la lista de nombres comunes y conocidos por su uso y difusión que podríamos llamar "típicos" como por ejemplo: Juan, Francisco, José, Pedro, Felipe etc que por su cotidianidad forman parte del imaginario popular y del inventario nacional heredado de la cultura occidental.
Podemos enumerar algunos factores que podrían explicar este cambio en la forma de nombrar en Venezuela. Uno, el efecto alienante de la globalización que ha entrado a todos los rincones del país a través de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones pero que han tenido desde hace mucho tiempo atrás a un predecesor como es la televisión. Los nombres de artistas famosos, deportistas, presidentes constituyen, desde hace unas décadas, las nuevas innovaciones en la forma de nombrar, sobre todos aquellos que provienen de léxico anglosajón.
Ejemplo de los primeros tenemos Michael (Michael Jackson) Jakson (el mismo), Madonna, Elvis (Elvis Presley), Schwarzenegger (actor Arnold), nombres de deportistas: Jordan (backesbolista del mismo nombre), Clay (Muhamad Ali, boxeador), Ray (Sugar Leonar, boxeador), de presidentes: Jhonson (Lindon), Nixon (Richard) (Nixon) y hasta nombres de meses del calendario como January que por bello sonido se ignora que es el mes de enero tal como en la traducción al castellano se llama la persona aludida.
Otra modalidad actual para asignar los nombres propios a los hijos es elaborar un nombre con las silabas iniciales de la madre y el padre o con los parientes mas cercanos, diríamos que es una composición y un hibrido que consiste en que el hijo lleve en el nombre un recuerdo de sus seres queridos traducidos en cada silaba de su nombre.
Ejemplo: nombre del padre: Ángel, nombre de la madre Lisa, nombre de la hija: Angelis; en estos nombres compuestos a veces no se combinan las silabas literalmente sino que al final del nombre se busca la belleza del sonido. Se usa entonces terminaciones como: elis, anny, ais, etc un sacerdote de Morón se quejaba y regañaba a los fieles en la misa dominical porque no le colocaban a los hijos nombres cristianos sino nombres raros de difícil pronunciación. Aun se siguen nombrando a los hijos con nombres de los próceres: Simón, José Antonio, también de políticos de turno: Hugo, de deportistas y artistas nacionales.
Orígenes de los Nombres más Comunes o Conocidos
No pretendo con estas pocas palabras hacer un estudio minucioso sobre el origen de los nombres, apenas haremos un esbozo de un tema que debe asumirse más adelante con mayor profundidad. Haré algunas referencias basadas en unas investigaciones recientes y que aun no he concluido. Sabido es que nuestros nombres – la mayoría – tiene un remoto origen y que en el devenir de la historia de ellos mismos se han venido transformándose y modificándose a tono con los cambios del mismo lenguaje de las que son oriundos.
La mayoría de nuestros nombres son de origen latino, y esta lengua en su transición del latín culto al vulgar y de este a las lenguas romances y de ahí al castellano hubo de producirse modificaciones sustanciales a la formas de nombrar. Muchos nombres se convirtieron en apellidos, bien hayan venidos del latín, del griego o de otras lenguas. El nombre de Rodrigo se transformó en el apellido Rodríguez, el nombre de Hernando se trasmutó en el apellido Hernández, otros nombres pasaron a ser apellidos sin modificación alguna en su estructura etimológica como: Beltrán, Blanco, Guzmán, Guillen, Manrique, Oberto, Rosendo, Monroe, Morgan, Reagan, Douglas, García, Marín, Delfín, Gil, Orozco, Pelayo.
A veces se producen cambios fortuitos tanto en los nombres como en los apellidos, pudiera ser por un error de transcripción involuntario en alguna oficina de identidad gubernamental – y como en los nombres y apellidos no se consideran las regla ortográfica para escribirlos – al sustituir una letra o varias de ellas se modifica el nombre o apellido y entonces nace una nueva forma de nombrar con un nuevo linaje y con una nueva historia. Pueden nacer por omisión de una o varias letras, por sustitución o por agregación de caracteres o por confusión fonética del término al plasmarlo en el documento oficial.
En un estudio realizado en base a un muestreo de 772 nombres masculinos de uso cotidiano, de nombres comunes y conocidos de nuestra lengua, podemos observar que casi un tercio (30%) del muestreo (772) de los nombres son de origen latino y un 19% de origen griego lo que nos da un total de 49%, casi la mitad de nombres incluidos. Esto es explicable puesto que somos herederos de la cultura grecorromana basamento de la civilización occidental y que nos legó la colonización española.
Lo sorprendente es que un 19% son nombres de origen Alemán como por ejemplo Alberto, Alfonso, Alfredo, Alonso, Armando, Américo, Adolfo, Carlos, Enrique, Gilberto, Gerardo, Guillermo, Heriberto, Hugo y paremos. No tengo una explicación contundente para despejar las dudas. Sólo diré que pudiera justificarse la cantidad de nombres de origen alemán por la masiva inmigración de judíos alemanes que se produjo a finales de la primera mitad del siglo XX hacia Venezuela y a otros países de habla hispana. Ellos, en busca de protección se mimetizaron traduciendo sus nombres al español o alterando intencionalmente sus nombres dejando la esencia del mismo o el radical del vocablo.
Este estudio arrojó, además, que los nombres hebreos están en cantidad de un 10%, (se justifica por la religión judaica), los nombres ingleses en 9% (la influencia transcultural), el español 5% (es paradójico que debería ser mayor la presencia de nombres de origen de la lengua que hablamos), italiano 3% (se remontan a la primera mitad del siglo XX con la llegada de inmigrantes de ese país huyendo a las guerras en el continente europeo), vasco 1% y otras lenguas un 9%.
Mal Nombrar, Vocablos del Argot Popular
Existe otra forma de nombrar que con mayor frecuencia la encontramos en los sectores populares, es una costumbre de ciertas regiones del país como los estado de la región occidental y oriental, también se nota en una parte de los llanos y de la región andina, se trata de los llamados apodos, sobre nombre, mote etc no se trata aquí del sobrenombre que se hace en forma peyorativa, vulgar, que busca molestar a la persona aludida denotando un rasgo denigrante o busca comparativamente asociación a la persona con un animal u objeto aborrecible y descalificador, por ejemplo "cara e burro", "saco e papa", "cabeza e toro".
Se trata de aquellos que proviene o se derivan por similitud, contracción, apócope del nombre propio: para Ramón: Mon, para Vicente: Chente, Alberto: beto, berto, Rafael: Rafa. Otras provienen de la costumbre de la historia: José "Pepe" (en
Entre algunas formas de llamar que sustituyen a los nombres propios prevalece el vinculo familiar, el afecto: José: Cheo, Francisco: Chico, Juan: Juancho, Alfonso: Foncho, Felipe: Pipe-Pipo, Gregorio: Goyo. Algunas veces se aplican los diminutivos a los nombres y se mantienen sobre nombres que vienen de la niñez: Cheito, Ito, Lalo, Tico, Tito. Al concluir esta breve exposición, sólo me gustaría preguntarles a ud que me escuchan ¿recuerdan aun el sobrenombre afectuoso con el cual sus padres lo mimaban? Seguro estoy que muchos de uds tienen un apelativo que en ocasiones sustituyen a sus nombres propios.
Señores y señoras, muchas gracias buenas tardes.
Alexis Coello
Valencia, Teatro Municipal 28/08/2009
Bibliografía
Lesur, L. (2007) Diccionario de Nombres Masculinos. México, Editorial Torillas
Morín, E. (1999)
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