Generalmente prefiero quedarme en Morón durante los días de descanso de la llamada Semana Mayor. Me enferma y me desespera las largas colas de vehículos causadas por la abundancia de viajeros y turistas que se aglomeran o usan el exceso de velocidad para llegar primero o se valen de los bys pass o de los zig zag para aventajar y demostrar su toque de viveza criolla y de lo bien que conducen al estilo de los mejores de la formula uno; llámese Hamilton o Fernando Alonso.
Cuando no viajo en semana santa a Paraguana – que tengo tiempo que no lo hago - me acerco a la playa de Palma Sola o a las orillas del río Yaracuy o a las inmediaciones de su desembocadura en la playa que son los únicos lugares del municipio donde se tiene acceso libre a la playa. Es inaudito y lamentable que Morón teniendo 14 kilómetros de costa apenas sus pobladores puedan asistir a estos dos lugares porque el resto de la costa es propiedad o esta bajo la tutela de las grandes empresas de la zona. Esto contraviene un decreto presidencial que establece que las playas son de dominio público, es decir, son libres para el público.
Sin embargo, algunas empresas benevolentas permiten la entrada por sus instalaciones a la playa pero para ello es necesario realizar trámites, hacer restricciones, pases de cortesía con límites de cupo, tener palanca, hacer largas colas y esperar compartir con una multitud. Es cuando prefiero entonces quedarme en casa devorando un buen libro, escribir algún trabajo pendiente, reunirme con amigos y conversar o jugar una partida de dominó o simplemente ir a la iglesia o hacia Urama y Alpargaton a frecuentar algún lugar conocido que seguramente estará mas despejado.
La Semana Santa además de su connotación religiosa de la que esta impregnada posee un encanto mágico donde se mezclan elementos paganos, creencias, costumbres, mitos y tabúes que han venido cambiando con el tiempo. Por ejemplo, en tiempos de mis abuelos se decía que las personas no debían bañarse en la aplaya porque el que lo hiciere se podía convertir en sirena o en pez; tampoco se permitía la manipulación de cuchillos, machetes o armas porque el diablo andaba suelto y podía ocurrir una desgracia. Ahora vemos que lo que hace la gente es acudir masivamente a las playas y deben haber amarrado el diablo porque la gente no le para a las armas y la violencia es perenne.
Otro tabú era que no se podía tener relaciones sexuales durante estos días porque los infractores podían quedarse pegados o también la costumbre de no comer carne roja porque estaría comiendo la carne de Cristo, entonces todo el mundo va a comer pescado y en eso son presa fácil de los especuladores que suben los precios exageradamente en los días santos. Ya el sabroso buñuelo hecho de yuca en amibar ha desaparecido de la costumbre por lo menos en Morón. De los judas queda la tradición en La Charneca con Fernando Granadillo, Castillo, Ortiz, Los Cepeda, Becerrit en Barrio Coro esta el juda de Douglas Polanco y Mingo el Loco, lastima que este año no pude regalarle el flux.
Los juderos tienen que hacer el juda durante 7 años consecutivos porque sino los agarra la pava; ya los judas que hacían los hermanos Lugo en el Jabillo y Parede en la avenida Falcón desaparecieron pero cumplieron con el septenio y se salvaron de la mabita.
La Guayaba
En un prolifero guayabo donde casi todo el año las jugosas guayabas están expuestas libremente al consumo de los pájaros, donde en verdad son libres porque se prohíbe su captura, cacería o espantamiento, en una tarde dominguera después del trabajo casero resucitaron unos muertos; resulta que después de estar perdiendo fácilmente mi compadre Emiro Reyes y Panpuro lograron derrotarnos por “leche” o mejor dicho por suerte y azar más que por conocimiento a mi compadre Garrido y a este servidor, bueno; no voy a poner excusa por mi derrota pero no se olviden de la vieja creencia que el diablo anda suelto en semana santa haciendo maldades.
(*) Cronista Municipal J. J. Mora
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