jueves, 26 de marzo de 2009

DISCURSO DE ORDEN SOBRE EL SESQUICENTENARIO DE LA BATALLA DE BOCA DE YARACUY

Henos aquí en el propio escenario de los acontecimientos que en un día como hoy, hace 150 años, salpicaron de vapores sulfurosos el limpio cielo azul del antiguo San José de Boca del Yaracuy, era la pólvora de la federación que había llegado a tierras carabobeñas, eran los primeros disparos de la guerra larga y quizás serian los primeros en combate cuerpo a cuerpo en la entonces incipiente refriega nacional.

Es una mañana estupenda para reencontrarnos no sólo con un poco de la historia de este rincón geográfico del extremo nor-occidental del estado carabobo sino también porque constituye una ocasión muy especial por estar celebrando esta comunidad las festividades en honor a su santo patrón San José, que comenzaron el día 19 de los corrientes y culmina en el día de hoy; de tal manera que estaríamos hoy cerrando el ciclo de las mismas. Y este ha sido el gran tino del ilustre Concejo Municipal en venir a sesionar aquí, en un acto trascendente e histórico para nuestro municipio.

Se trata de la primera vez que un ayuntamiento mórense se traslada a esta localidad lo que no deja de ser un hecho de alta significación y se trata también de una conmemoración única de una efemérides que había estado olvidada, como oculta; un episodio ignorado o poco conocido de la cruenta Guerra Federal a la que este año se la ha recordado mucho con motivo de estarse cumpliendo su Sesquicentenario. Este episodio lo hemos denominado la batalla de Boca del Yaracuy, o más modestamente, el combate o la refriega de Boca de Yaracuy.

Manifiesto, pues, mi agradecimiento a los concejales por cederme el honor de pronunciar estas palabras en este día no sólo para rememorar este combate sino para compartir con uds parte de la historia de este pueblo que es muy rica y para que tengamos también la oportunidad de compartir con la gente de este terruño sus problemas y sus inquietudes.

Hablemos ahora por un momento, sólo un momento, de lo que se llamó la Guerra Federal. Se ha decretado oficialmente como día del arranque de esta guerra el 20 de febrero de 1859 cuando un grupo de pobladores previamente comprometidos y capitaneados por Tirso Salaveria tomaron por asalto el cuartel del gobierno en Coro y dieron el grito de federación. La toma fue un golpe limpio, no hubo heridos ni muerte que lamentar. Se suceden las proclamas y se nombra un nuevo gobierno en Coro.

Los líderes de este movimiento inmediatamente llaman o mandan a buscar al general Ezequiel Zamora que se encontraba en Curazao para que se pusiera al frente de la causa y lo liderara como jefe de operaciones del ejército federal de occidente. Al preparar su plan de acción Zamora piensa dirigirse a Barquisimeto para iniciar la lucha por esos lados, pero se entera que viene por la costa el ejercito oficial a buscarlo, decide entonces Zamora hacer la campaña por la costa para enfrentar a sus enemigos y vencerlo en ese terreno.

Salió Zamora de Coro vía a Cumarebo y luego a Piritu. El 15 de Marzo salió de Piritu; el 16 llego a Jacura, el 17 acampó en Capadare; tres días después, el 20, se ubicó en San Juan de los Cayos, el 21 pernoctó en el Tocuyo y el 22 en la tarde se apostó en las orillas del caudaloso río Yaracuy en su margen izquierda, es decir, en el lado del estado Falcón. Luego se percató Zamora que del otro lado del río (en la margen derecha- estado Carabobo) se encontraban dispuestos al combate una columna del gobierno al mando del comandante Francisco Antonio Rivero. Era un grupo de la tropa del general León de Febres Cordero que había dejado allí para resguardar esta zona estratégica y para que le evitara a Zamora y a su ejercito su transito hacia el centro del país.

La estrategia del comandante Rivero era simple: impedirle el cruce del río al ejercito Zamorano ya que éste sólo podía ser cruzado a través de canoas las cuales no estaban disponibles para los federales, mientras tanto esperar que llegasen por la retaguardia de Zamora sus compañeros de armas Betancourt y Oberto que venían siguiendo sus huellas, de esta manera las tropas federales no tenían la menor posibilidad de retirada e iban a ser presa fácil de las del gobierno.

Sin embargo, la historia fue otra. Zamora ordenó a una parte de su gente tirotear al enemigo desde sus posiciones desplazándose por la orilla que dominaban y que otro grupo de su ejercito cruzara el río para enfrentar al enemigo. Veamos una cita del Dr. Laureano Villanueva, uno de los cronistas y biógrafos de Zamora, con respecto a los hechos:

Zamora obvio aquella dificultad mandando que la caballería se tirase a nado, dividida en dos trozos, mientras unos piquetes de a pie hacían fuego por la orilla del monte. Detrás de os caballos pasaron a nado algunos infantes, y reunidos todos del otro lado, cargaron a Rivero, lo dispersaron por el bosque, y le quitaron la gente, los fusiles y las bestias (1992: 37 y 38)

Y agrega Villanueva: “Tal fue el primer combate de aquella atrevida campaña, por medio de un campo de guerra que ocupaba un enemigo bien armado” (idem). Luego de esta victoria Zamora siguió a Morón donde lo esperaban el coronel Juan José Mora y su hijo en compañía de 400 moroneros que se incorporarían a la causa federal. Otro cronista nos dice así sobre este combate, aunque con un poco más de fantasía:

Zamora tenia suficiente temple y fuego en el corazón para desafiar la naturaleza y cruzó el caudaloso río Yaracuy, él a la cabeza de sus tropas, los soldados atados a las colas de los caballos, con las lanzas sostenidas con los dientes, con solamente cien de sus hombres destruyó rápidamente la columna comandada por Francisco Antonio Rivero y pudo así utilizar las canoas para pasar las armas de fuego, pólvora y demás pertrechos (Brito Figueroa – Tiempos de Ezequiel Zamora).

Sin entrar a considerar lo verosímil o no de la cita anterior, es necesario señalar que la guerra federal además de épica fue cruel y despiadada, que no hacemos apología a la guerra, toda guerra es mala aunque pueda ser necesaria. Pero la historia de los pueblos no la podemos borrar, por el contrario, debemos conocerla para aprender de ella para que el pasado nos sirva como herramienta para el mejor vivir en el presente y para afrontar con éxito el futuro.

El municipio Juan José Mora fue un teatro de operaciones de la federación; aquí Zamora instaló su cuartel general, aquí Zamora preparo la batalla de El Palito, en Palma Sola desembarcó el general Falcón para incorporarse a la guerra por primera vez un 24 de julio de 1859 y allí pronunció su primera proclama, por estos lados se escabullía Gabriel Guevara cuando lo perseguían las tropas del gobierno, éste era nativo de Morón y fue el primer general negro e integrante del ejercito libertador que comandaba Bolívar.

De este municipio partieron los Mora y centenares de locales a entregar sus vidas en lejanos campos de batalla a cambio de nada porque la propiedad de la tierras de “Casa de Tejas” que una vez le prometieron y que efectivamente fueron otorgadas por el gobierno del presidente Falcón les fueron arrebatadas y despojadas por los sucesivos gobiernos que se produjeron. Fue una guerra inútil sin cambios sociales importantes.

¡Volvamos a Boca del Yaracuy! Estamos al lado del río Yaracuy que nace en las montañas de Aroa y que después de un extenso recorrido desemboca frente a nosotros, en el golfo triste. Este río ha sido y lo es aun la savia o la sangre del poblado; es la expresión de una simbiosis de la naturaleza con el ser humano; son destinos inseparables. Tan es así que hoy continúan usando sus aguas para sus necesidades por la ausencia en el sector de este elemental servicio público, vieja aspiración del pueblo, vieja promesa burlada por todos los gobiernos que han transcurrido.

En el siglo XVIII y XIX se realizaba por este río un intenso tráfico comercial entre Puerto Cabello y los pueblos interioranos de la región centro-occidental. Las mercancías eran despachadas en cuatro días desde el puerto hasta El Chino, pequeño embarcadero fluvial en las inmediaciones de San Felipe. Este era el comercio legal porque el ilegal se efectuaba por este mismo río pero por los senderos ocultos de la selva, por los recovecos del río y de la montaña y también por la costa en las noches oscuras afloraba el contrabando.

Es el momento para hablarle de un personaje llamado “Andresote” cuyo nombre de pila era Juan Andrés López del Rosario, algunos dicen que era del Yaracuy y otros que Valenciano. Era un zambo Zamarro y vigoroso que debe su notoriedad a la astucia, valentía y perseverancia que tuvo para enfrentar a los fuerzas españolas que representaban los intereses de la compañía guipuzcoana encargada por el rey del monopolio comercial en Venezuela. El hecho es que Andresote se dedicó al comercio ilícito o contrabando en convivencia con los holandeses que ocupaban la isla de curazao, cercanas a nuestras costas. Esto conllevó a que fuera buscado y perseguido por el gobierno español.

Sin embargo, Andresote logro reunir un grupo numeroso de hombres entre negros, indios, cimarrones, blancos, pardos, además de los hacendados criollos que lo apoyaban y pudo vencer con su astucia, con el conocimiento del terreno y el método de guerrillas volantes en varias oportunidades al ejercito español. Por ejemplo, aquí mismo en la desembocadura del Yaracuy derrotó a Luis Arias Altamirano el 30 de Junio de 1731. Un tiempo más tarde y cerca de aquí hace morder el polvo a otro personero del gobierno, al teniente Luis Lovera. Posteriormente hace lo mismo con Juan Romualdo de Guevara quien fue enviado a defender el fuerte de la boca del río Yaracuy.

El gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela Sebastián García de la Torre enfadado por las consecutivas derrotas españolas decide ir él personalmente a buscar a Andresote, despliega entonces una fuerza militar descomunal y sale en campaña hacia San Felipe. Andresote al saber que era imposible vencer a ese ejercito tan grande y bien apertrechado, decide retirarse y se va a la isla de curazao protegido por los holandeses. Es importante aclarar que no hay evidencia – como se dice a veces – de que andrsote fue un precursor de la independencia, defensor de su raza, luchador contra la esclavitud, ni nada por el estilo, no tenia conciencia emancipadora sólo era un contrabandista que defendía sus propios intereses y los de los holandeses. Este mismo gobernador García de la Torre mando a construir un fortín en la desembocadura del río Yaracuy al poco tiempo de la retirada de Andresote. Este debía ser construido con madera, palos y otros materiales resistentes “con diez cañones y treinta hombres de guarnición, para atajar el trato ilícito de los naturales con los holandeses. El ingeniero Francisco Andrade Meneses tendría a su cargo la erección del fortín y el teniente Marin de Ascanio suministraría los soldados, la mano de obra, los bastimentos y todos los materiales necesarios. Este fue levantado con suma rapidez y fue bautizado con el nombre de “Fuerte San José del Río Yaracuy” (Magallanes: 2001; 116).

El gobernador García de la Torre es sustituido por Martín de Lardizábal a finales de 1732 y en 1734 este gobernador ordeno destruir el fuerte San José del Yaracuy y se llevó los pertrechos y la vigilancia para el fortín de tucacas.

San José de Boca de Yaracuy es también un espacio en el tiempo para la leyenda, la fabula y la tradición. Es una costa que despierta los recuerdos de historias de bucaneros y corsarios, de balandran y de naos que yacen sepultados bajo este suelo que estamos pisando. Por conversaciones que tuve con viejos residentes de este sector supe de ello aunque no puedo precisar el lugar exacto.

Es también el lugar de las creencias populares que se convierte en el imaginario colectivo que le da sentido a la vida de los pueblos. La tradición oral habla de animales gigantescos del río que con sus movimientos estremecían al poblado como aquel mero que pescó Antayo. Habla del carretón que pasaba a media noche con su ruido que asustaba a la gente hasta que en 1976 fue extinguido por la llegada de la luz eléctrica.

En Boca de Yaracuy hay lugar para la creación artística como el hermoso vals que compusiera el barbero del pueblo Sr. Santiago Rodríguez (alias machete) y que entona por la tarde en su jornada de pesca Trinidad Segundo Landinez, el popular Cabillo.

El poblado parece un pueblo detenido en el tiempo. Su río no ha perdido toda su belleza a pesar de que sus aguas ya no lucen cristalinas como antes a causa de los desechos industriales, la deforestación ha disminuido su caudal y lacerado su flora y su fauna. Todavía siguen algunas casas vestidas con tabla de guamo combinadas con otras modernas y su bucólica gente entregada a las labores del mar, de sus labios se escuchan leyendas y cantos que dejan asomar añoranzas por tiempos pasados: sus manos están curtidas por manchas de cocos y heridas de pesca pero sus palabras son amables y sinceras, su trato sencillo y afable enaltece sus rasgos de humildad encerrados en su piel de cacao y pelo ensortijado.

Su posición limítrofe inter-estado parece ser un territorio de nadie. Su lejanía del centro urbano y por ende del centro del poder hace mas pesada la existencia por el acoso de sus problemas. Por nuestro frente pasa un enorme tubo o acueducto desde el río Aroa lleva agua a las instalaciones industriales de PDVSA pero no fue posible sacar un ramal y proveer una planta de tratamiento para calmar la sed de este pueblo. Todos los gobiernos han ofrecido el acueducto, ninguno ha cumplido.

No voy a extenderme enumerando sus múltiples problemas sólo mencionare uno mas. Concluir su calle principal con salida hacia Morón es de vital importancia para evitar el peligro de las entradas laterales de la carretera Morón-Coro y así aprovechar el potencial turístico – artesanal que es la verdadera vocación de esta comunidad.

Señores y señoras: Al finalizar no me queda más que recordar o saludar a viejos amigos vecinos de este pueblo. Saludo a los condecorados, a Ramón Hernández, viejo amigo, que me esta oyendo en su silla de enfermo, al desaparecido Juan Núñez y su familia, a Chon y su hermano Cabillo, a la familia Landinez que son casi la mayoría del pueblo, a la familia Blanco, a Juan Molina, a Nova y su familia, a la profesora Elvia Colina, a Katimba.

Señores: Muchas Gracias.

San José de Boca de Yaracuy

22 de Marzo de 2009

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