Este es el titulo de un libro del autor dominicano Carlos Lebrón Saviñón que me fue obsequiado en una tarde de mayo de 2004 por el ilustre caballero Gonzalo Palumbo, baluarte de la lucha antimalárica en Venezuela y miembro directivo fundador del club de leones de Carabobo. En la nota dedicatoria, mi entrañable amigo Palumbo escribió lo siguiente: “Para el cronista amigo Alexis: Para ti que trajinas estos caminos. Espero que esta obra del amigo dominicano Carlos, tenga utilidad en tan angustiados senderos de ese pasado”/Fraternalmente. Gonzalo Palumbo.
Y vaya que tuvo utilidad para mí ya que lo guardo como un tesoro y lo uso constantemente como texto de consulta. Pero vale la pena detenerse un poco en las sabias palabras del inolvidable amigo: “En tan angustiados senderos de ese pasado”. Estas palabras denotan el pesado drama que hemos llevado a cuesta que como un estigma ha marcado a generaciones de seres humanos, y en América latina parece revivir hoy las controversias y conflictos que si bien no han llegado a grandes confrontaciones se han mantenido hasta hoy solapados en los planteamientos, acciones culturales, políticas y sociales.
Nos referimos a ese pasado de donde tratamos de explicar nuestro origen étnico donde muchas veces lo afrontamos con complejos, dudas y una baja autoestima, sobre todo cuando el grado del tinte o pigmentación de la piel se muestra inclinado hacia el extremo de lo prieto u oscuro. Ese pasado lleno de injusticia, discriminación, dominio y exterminio no lo podemos cambiar aunque quisiéramos, no debemos renegar de él en cuanto a nuestro origen, pero si reivindicarlo en su justa dimensión, sin extremismo.
Eso es lo que hace Carlos Lebrón en su libro, donde busca con orgullo y claridad, revalorizar el hecho cultural del mestizaje y el aporte histórico de la negritud a nuestra sociedades actuales en una visión serena, sin ánimos retaliativos ni eufemismos semánticas; declarando lo negro como legitimo y propio de la corriente humana proveniente de África, descartando la discriminación hacia los otros valores del mestizaje. Declara lo genuino africano como lo “negro” sin ser peyorativo porque un vocablo como este no es despectivo en si mismo, esta connotación se la va dar la intencionalidad y el contexto socio-cultural. Decir negro o afrodescendiente es indiferente.
A las tendencias africanistas excluyentes que buscan explicar las identidades de los pueblos mestizos, Carlos Lebrón responde así: “Creemos que esta es una tendencia extremista y como nunca los extremos han sido buenos se impone reconocer nuestra africanidad y rescatarla del menosprecio o del olvido en que la mantuvieron las generaciones pasadas, pero sin olvidar nuestra hispanidad, que al fin y al cabo, es parte esencial de nosotros mismos”.
Morón tiene una base étnica originaria de población negra que se remontan a los primeros sembradíos o plantaciones de cacao en el territorio local, por lo tanto estamos muy impregnado de su legado cultural. El poeta yaracuyano Manuel Rodríguez Cárdenas compuso este verso: Aquí esta mi mano negra pestilente, / Negro enchoretado de vientre caliente / perdido en los rumbos de la geografía. / Negro de Nigeria, de Agad, de Kodok. / Negro del neguesti blanco de Etiopia. / Negro chafarino, negro de Morón”.
Para culminar, vamos a presentarles algunos vocablos de origen africano que son su aporte a la lengua hispana: Sancocho: ud. sabe lo que es. Ajumarse: emborracharse. Bacha (Bachata): Fiesta. Beriberi: enfermedad caracterizada por trastornos nerviosos. Timbi: lleno, repleto de comida. Timba: se llama al timbal o timbalero a quien se le estira la barriga. Jolgorio: fiesta. Bongó: tambor africano. Cumbacha: fiesta. Chévere: pendenciero, figurín. Choca: la cabeza. Chuleo chulo: burla, broma. Jaladera: borrachera. Pega: trabajo. Reconcomios: recelo, sospecha. Guachafita: desorden, barullo. Bemba: labios gruesos. Furruco: instrumento musical. Cuatro: instrumento de cuerda. Cipote: diablo. Coco: fruto de planta tropical. Cumbia: baile de negros en Panamá. Diantre: diablo. Cheché: hombre pendenciero y matón. Kilombo: choza de los negros cimarrones. Paluchero: muy hablador.
(*) Cronista Municipal J. J. Mora
No hay comentarios:
Publicar un comentario